En España se diagnostican 10.000 nuevos casos de Parkinson cada año y se calcula que hay más de 150.000 pacientes.

La enfermedad de Parkinson constituye la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente.

COPPADIS es un estudio de investigación nacional que tiene por objetivo conocer en detalle la evolución de la enfermedad en los pacientes con Parkinson.

La enfermedad de Parkinson constituye la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente por detrás del Alzheimer. Su prevalencia es de unos 150 a 200 casos por 100.000 habitantes, pudiendo haber en España en torno a 150.000 casos. No hay un factor causal único definido y tanto factores genéticos como ambientales pondrían en marcha una serie de procesos que condicionarían la agregación anómala dentro de las células de una proteína llamada alfa-sinucleína, que ocasiona la formación de los cuerpos de Lewy, el marcador anatomopatológico característico de la enfermedad. La pérdida de neuronas de la sustancia nigra del mesencéfalo ocasiona la denervación del núcleo estriado con la correspondiente deficiencia de dopamina que explica la aparición de los síntomas del Parkinson. Por una parte, la enfermedad cursa con síntomas motores como bradicinesia, temblor de reposo, rigidez y alteraciones de la marcha, postura y equilibrio. Sin embargo, muchos síntomas no motores pueden estar presentes a lo largo de la evolución y son importantes porque repercuten negativamente en la calidad de vida del paciente y generan gran sobrecarga al cuidador, como la depresión, la apatía, el dolor, el trastorno de control de impulsos, los trastornos del sueño, el estreñimiento u otros síntomas gastrointestinales, la demencia o la psicosis. No sólo la falta de dopamina sino también de otros neurotransmisores en diferentes áreas del cerebro como la acetilcolina, serotonina o noradrenalina explicarían la aparición de algunos de estos síntomas.

El diagnóstico de la enfermedad de Parkinson es clínico mediante el uso de unos criterios determinados que se basan en la exploración del paciente y en la evolución del cuadro. Aunque no hay cura actualmente, si disponemos de muchas terapias que permiten mejorar los síntomas y la calidad de vida y autonomía del paciente. El manejo debe ser, en cualquier caso, multidisciplinar y debe entenderse el uso de fármacos como una parte del mismo ya que otras intervenciones como el ejercicio físico, la fisioterapia, logopedia o la estimulación cognitiva son fundamentales. Actualmente disponemos de diferentes fármacos comercializados en España para tratar los síntomas del Parkinson como los IMAO-B (selegilina, rasagilina y safinamida), ICOMT (tolcapona, entacapona y opicapona), levodopa (levodopa/carbidopa o levodopa/benserazida), agonistas dopaminérgicos (pramipexol, ropinirol y rotigotina) u otros como amantadina y anticolinérgicos. Si el control de los síntomas no es óptimo se puede plantear en casos concretos una terapia de segunda línea como la estimulación cerebral profunda (cirugía del Parkinson) o el uso de una bomba de infusión (levodopa o apomorfina). Sin embargo, el manejo es en conjunto complejo y muchos pacientes reciben además antidepresivos, benzodiacepinas, fármacos para la demencia o deterioro cognitivo como rivastigmina o antipsicóticos como quetiapina o clozapina, a lo que se suma la comorbilidad y polifarmacia como algo habitual en la práctica clínica.

Mucha investigación en marcha

En los últimos años se está avanzando mucho en la investigación del Parkinson, pero a día de hoy seguimos sin disponer de un marcador diagnóstico y de progresión de enfermedad. Estas son dos de las líneas de investigación más importantes. Por una parte, identificar un biomarcador diagnóstico que permita hacer un diagnóstico mucho más precoz. Se sabe que algunos síntomas como la depresión, la hiposmia, el estreñimiento o el trastorno de sueño REM pueden preceder en años a los síntomas motores y algunos estudios como el PARS Study (Parkinson´s Associated Risk Study; www.parsinfosource.com), PREDICT-PD (www.predictpd.blogspot.com.es) o PRIPS Study (Prospective evaluation of Risk factors for Idiopathic Parkinson´s Syndrome) se centran en esto. Por otra parte, y teniendo en cuenta la gran variabilidad en cuanto a la progresión de la enfermedad de unos pacientes a otros, es necesario identificar marcadores de progresión de enfermedad. Ya se discute que es posible que no haya un marcador único, sino que la suma de distintos biomarcadores nos podría dar la clave para algunos aspectos capitales de la enfermedad; por ejemplo, saber qué paciente va a desarrollar demencia, psicosis, etc. Aquí también hay diferentes estudios en marcha como el PPMI (Parkinson´s Progression Markers Initiative; www.ppmi-info.org), Arizona Parkinson´s Disease Center Project (www.mayo.edu/research/labs/parkinsons), Parkinson´s Outcomes Project (www.parkinson.org/research/Parkinsons-Outcomes-Project) y un estudio español, COPPADIS-2015 (COhort of Patients with PArkinson´s DIsease in Spain, 2015; http://www.curemoselparkinson.org/investigacion/coppadis/).

Finalmente, es importante recalcar que también hay mucha investigación en cuanto a fármacos y otras terapias. En cuanto a terapias con un fin curativo, debemos considerar la inmunoterapia activa (vacunas; PD01A y PD03A) y pasiva (anticuerpos monoclonales; BIIB054, PRX002, MEDI1341, Lu AF82422), moduladores de la agregación de alfa-sinucleína (NPT200-11, NPT088), fármacos que actúan a nivel de la glucocerebrosidasa (ambroxol y venglustat) o LRRK2 (DNL201), o algunos con otras indicaciones que se están ensayando en Parkinson por tener un potencial efecto neuroprotector actuando sobre diferentes mecanismos de acción como israpidina, inosina, ácido ursodesoxicólico, deferiprona, exenatida, lixisenatida, nilotonib, estatinas o beta-2 agonistas. En cuanto a las terapias sintomáticas cabe destacar nuevas formulaciones orales de levodopa (IPX066, V1512, DM-1992), levodopa inhalada (CVT-301), levodopa subcutánea (ND0612), apomorfina sublingual (APL-130277), amantadina retardada (ADS-5102), procinéticos intestinales (camicinal y DA-9701), fármacos para la demencia-Parkinson (syn120, Ly3154207, ceftriaxona), demencia con cuerpos de Lewy (intepirdina RVT-101, E2027, HTL0018318) o psicosis (pimavanserina y nelotanserina). A esto hay que sumar grandes avances en la cirugía (estimulación cerebral profunda, radiofrecuencia, FUS, knife) y otras terapias como la terapia génica, celular, HIFU (high intensity focused ultrasound), LIFU (low intensity focused ultrasound), estimulación magnética transcraneal, o estimulación calórica vestibular.

Sin duda, la enfermedad de Parkinson es un trastorno complejo con muchos frentes que deben ser abordados. Sin embargo, hay mucha investigación en marcha y debemos ser optimistas. Mientras tanto, nos queda dar lo máximo por cada uno de nuestros pacientes.

Diego Santos García

FEA Neurología, CHUF (Complejo Hospitalario Universitario de Ferrol)

Vicepresidente de la Fundación Curemos el Parkinson (www.curemoselparkinson.org)

Secretario del Grupo de Trastornos de Movimiento de la Sociedad Española de Neurología

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